Diccionario de Términos de la Piedra Natural e Industrias Afines. Parte I.

Por Amaia GÓMEZ.

Conocí a Chelo Vargas el año pasado con motivo del RITerm 2012 (para quienes no hayan oído hablar de él: el XIII Simposio Iberoamericano de Terminología que se celebró el pasado mes de octubre en la Universitat d’Alacant). Chelo fascina por su cercanía, su capacidad de gestión y su poder de convocatoria, no en vano dicho Simposio (organizado por ella) destacó por la cantidad de ponentes y asistentes. A mí aún me conquistó por un motivo más, su participación en la elaboración del Diccionario de Términos de la Piedra Natural e Industrias Afines. Para una arquitecta y traductora ese diccionario representa una perita en dulce… y conocer personalmente a alguien que haya participado en su “construcción” hace aflorar en mí los sentimientos más cercanos a la mitomanía que haya experimentado jamás. Comentarios jocosos a parte, sabéis que el pasado 6 de abril comenzamos una serie de entrevistas a personas que hayan participado en la elaboración de diccionarios técnicos, sencillamente porque nos llama la atención la aproximación de estos profesionales a la traducción y por la dificultad y responsabilidad de la tarea que emprenden. Creo que todos podemos aprender mucho de su experiencia y por eso hoy entrevistamos a Chelo.

¿Cómo llegó la colaboración en la elaboración del diccionario, Chelo?

Pues estaba todavía cursando la licenciatura de Traducción e Interpretación (inglés), acababa de terminar tercero, y vi una convocatoria de becas de colaboración del Ministerio para estudiantes que comenzaban cuarto curso. La solicité y me la concedieron. En cuanto me comunicaron la concesión fui a hablar con el Dr. Enrique Alcaraz y me invitó a colaborar en un proyecto de investigación que le acababan de conceder y que se marcaba como objetivo elaborar bases de datos terminológicas sobre determinados ámbitos industriales de la Comunidad Valenciana; concretamente, la piedra natural, el calzado y los juguetes. Tras esta beca de colaboración, solicité la de Formación de Profesorado Universitario y también me la concedieron. Así que estuve trabajando en el proyecto con la elaboración del diccionario durante cinco años, prácticamente.

¿Cuántas personas estuvisteis involucradas en su concepción y cuál era la labor de cada una?

Pues desde expertos sobre el tema, como los doctores Salvador Ordoñez y Ana M. García del Cura, del Departamento de Petrología y Geoquímica de la Universidad de Alicante, hasta compañeros del grupo investigador ‘El Inglés Profesional y Académico’, dirigido en aquél entonces por el Dr. Alcaraz. Los expertos me ayudaron, en un primer momento, con la documentación relevante sobre el tema, después a organizar los subdominios del sector industrial de la Piedra Natural, y durante todo el proceso a clarificar conceptos. Yo me encargué de compilar un corpus –colección de textos electrónicos–, configurar la base de datos terminológica, explotar el corpus, rellenar las fichas terminológicas con toda la información (entrada, categoría gramatical, definición, contexto, subdominio, etc.), ¡y un montón de cosas más!; la verdad es que trabajé muchísimo, porque no era fácil esta cuestión; era echarle horas y horas… Hay que tener en cuenta que no había ningún trabajo anterior como éste sobre el que me pudiera basar, así que partía prácticamente de cero. Una vez que tuve el primer borrador, el Dr. José Mateo se encargaba de hacer las revisiones sobre cuestiones lingüísticas. Los expertos hacían las conceptuales. Pero ahí no terminaba la cosa, porque luego había que hacer que las entradas del diccionario tuvieran el mismo diseño —o distribución de la información— y formatos que tenían los anteriores diccionarios de Alcaraz, así que hubo que exportar las fichas y hacer “bricolaje informático” para, al final, obtener un documento de texto con formato que pudiera enviarse a la editorial y que tuviese las características que queríamos. Aquí fue el Servicio de Informática de la Universidad de Alicante, concretamente, con Rafael Carreres, con quien trabajé para crear un programa (GenDic) que permitía crear ese documento con el diseño que queríamos para la entrada y con formatos de negrita, cursiva, etc. Todo este trabajo metodológico de elaboración de diccionarios terminológicos para traductores constituyó el tema de mi tesis doctoral.

¿Durante cuánto tiempo se prolongó el proyecto y qué fases se distinguieron en él?

Bueno, como te había comentado antes, fueron básicamente cinco años de trabajo. Las fases que seguimos en un principio son las que se proponen en la bibliografía académica que aborda esta cuestión. Lo que ocurre es que se adaptó porque la creación y explotación del corpus es lo que más tiempo lleva (un 60/70% del tiempo total del proyecto). Por tanto las fases fueron: (1) la definición del trabajo; (2) la preparación; (3) el diseño, la construcción y la explotación de corpus; (4) la gestión terminológica; (5) la revisión y supervisión del trabajo; y (6) la edición. Es necesario indicar que no se trata de fases secuenciales, separadas tajantemente unas de otras, sino que algunas se solapan o son recursivas.

¿Con qué tipo de dificultades se encuentran los profesionales en la ejecución de un proyecto de esta índole?

Pues en primer lugar, te enfrentas al desconocimiento total de la especialidad, lo mismo que le ocurre a un traductor cuando se le presenta un texto sobre una temática nueva. Por tanto, la primera necesidad que surge es la de documentarse, y para eso, los expertos son una pieza clave en el proceso. Incluso a veces, te explican las cosas y no llegas a comprenderlas en un primer momento, y necesitas leer más, documentarte más. Hay que tener curiosidad científica y ganas de aprender para hacer un trabajo como éste. Otra dificultad es el establecimiento de las equivalencias, y resulta en ocasiones por lo que Cabré denomina ‘naturaleza poliédrica del término’. Desde la visión del término como figura de varias caras, el concepto no es estático e invariable, sino que es percibido según una perspectiva que varía en razón de la comunidad epistemológica, de cómo conceptualiza una lengua la realidad, de la idea principal que se quiere destacar sobre un determinado tema, entre otros aspectos. Voy a poner un caso que es el de la clasificación de los tamaños de partículas de roca. Lo que para un lego en petrología un fragmento de piedra es sencillamente eso, es decir, un trozo más o menos grande de este material, un experto en rocas sedimentarias lo denominará y clasificará según diferentes criterios. Así, según el tamaño, encontramos los términos bloque, canto, grano, gránulo y partícula. Esta clasificación ya difiere entre expertos que comparten una misma lengua, y nuestro ‘bloque’ del español peninsular en Venezuela se divide en peñón y peña, y el ‘canto’, en guijón y guija. Ni que decir tiene que entre lenguas distintas se puede dar el mismo caso de variación denominativa, conceptual y, por tanto, el grado de equivalencia entre las lenguas de trabajo del proyecto se complica. Para seguir con el mismo ejemplo, ‘bloque’ tiene dos equivalentes, a saber: boulder y cobble, y ‘canto’ cuenta también con dos, que son pebble y granule. Tienes que estar tomando decisiones fundamentadas ante cada obstáculo terminológico, y son muchos los obstáculos que hay que sortear.

Otro problema terminológico procede de la falta de normalización o de la biunivocidad de los términos. Aunque se suele decir que el léxico científico está normalizado o que es biunívoco, nada más lejos de la realidad. Por ejemplo, ‘mármol’ tiene una acepción puramente científica (roca metamórfica), pero en el contexto comercial se llama ‘mármol’ a toda piedra que admite pulido. Se trata de una información que en un diccionario dirigido a traductores es necesario consignar, pues ‘mármol’ en un texto comercial en español puede que no se traduzca por marble en un texto en inglés.

Hasta aquí esta primera parte de la entrevista a Chelo. Como veis, sus respuestas tienen mucha miga y como no queríamos dejar nada de ellas en el tintero hemos decidido dividir esta entrevista en dos entradas para que podáis contar con la versión completa en el momento que una información de este tipo pueda serviros de ayuda.

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iniciativa en pro del acercamiento entre técnicos y traductores especializados y en busca de la calidad técnica y lingüística óptimas de la documentación que generan. Si quieres colaborar, puntual o habitualmente, ponte en contacto con nosotros en proTECTproject@ymail.com

One response to “Diccionario de Términos de la Piedra Natural e Industrias Afines. Parte I.”

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