Por qué me dedico a la traducción.

Por Mercedes SÁNCHEZ-MARCO.

Me pregunta Amaia motivos que me impulsaron a ejercer el noble oficio de la traducción después de haber ejercido tantos años como arquitecta.

A primera vista podría parecer que busqué otra profesión por la falta de trabajo en nuestro sector, pero aunque qué duda cabe que el hecho de estar más libre permite emprender otra actividad, formarse y tantear el mercado, los motivos son otros, y hay varios: creo que ha sido la confluencia de muchas razones unida al momento vital en el que me encuentro.

Por un lado soy arquitecta, sí, pero de letras ¿cómo es eso? Pues porque hice mis primeros estudios entre traducciones de Herodoto y de Tito Livio, estudié dos años de Filosofía y Letras. Como no había estudios de Historia del Arte en la ciudad en la que vivía, y no era cuestión de que fuese a estudiar fuera, decidí que ese no era mi camino y me pasé a Arquitectura.

Quizás en aquel entonces, me atraía más el mundillo de los estudiantes de la Escuela de Arquitectura aquellos chicos que llenaban la Sala de Cultura de mi ciudad, a principios de los 70 para ver lo último de Andy Warhol, que el más tranquilo de mis colegas de la Facultad cuyas discusiones filosóficas apenas iban más allá de Santo Tomás.

El caso es que después de un primer año en el que estuve bastante despistadilla, preguntando a mis compañeros de clase de cálculo qué era esa S tan larga que aparecía por todos lados, a base de tesón y de cierta facilidad para las matemáticas, logré dominar las integrales, el cálculo y las estructuras.

Aunque en el estudio que compartí durante veinte años hacíamos también proyectos de viviendas sociales, yo siempre tuve entre manos alguna rehabilitación y al final, en mi propio estudio, me dediqué en exclusiva a esta especialidad.

El restaurador tiene que observar, estudiar, consultar, leer a fondo el original y traducirlo al momento actual: ¿os suena?

Por otro lado, crecí prácticamente bilingüe con francés, e hice todos mis estudios en este idioma hasta la edad de doce años. Empecé pronto con el inglés, y a los 17 años pasé un año en California, en una época en que como comentaba Idoia la semana pasada, casi nadie hablaba esta lengua. Posteriormente aprendí italiano y empecé a leer en este idioma y a viajar con frecuencia a Italia. Soy una lectora infatigable, y nunca leo traducciones de los idiomas que hablo. La lectura me ha ayudado a mantener y perfeccionar las lenguas, incluido el español.

Creo que fue el descubrimiento de la obra de Marguerite Yourcenar, hace muchos años, y la lectura de su biografía lo que hizo que me plantease la posibilidad de algún día convertirme, como ella, en traductora.

Con este bagaje, y cuando llevaba treinta años de profesión a mis espaldas, me llegó el primer encargo de traducción. Y con la insensatez que da la ignorancia, lo acepté. Enseguida me di cuenta de que eso era algo muy serio: si quería seguir por ese camino tenía que formarme, estudiar, aprender. Cada vez había menos trabajo en el estudio y yo tenía tiempo. Empecé desde cero, como una cría, cometiendo muchos errores, y progresando poco a poco.

En los últimos años me pesaba la parte más desconocida de la profesión del arquitecto. Quedan ya lejos los tiempos en los que el proyecto de una iglesia cabía en una carpeta azul y contenía un plano y pocos folios mecanografiados que lo explicaban y justificaban.

Con el paso del tiempo la carga de documentación necesaria para un proyecto de arquitectura se ha hecho mayor, y si bien la aparición de la informática simplificó considerablemente el grafismo y edición de planos y documentos, ahora hay mayores exigencias normativas que obligan a una mayor dedicación a los aspectos administrativos y de gestión. Y ¿qué decir de las exigencias del CTE, el Código Técnico de la Edificación? Su implantación hizo que todos los profesionales de la arquitectura tuviéramos que reciclarnos y replantearnos todo el proceso de elaboración de proyectos de construcción.

Si antes el arquitecto dedicaba la mitad de su tiempo a proyectar y plasmar sus ideas en dibujos, hoy en día la actividad creativa ocupa un espacio muy reducido; la mayor parte de la actividad diaria está dedicada a la elaboración de documentación, a las gestiones y consultas en órganos administrativos, a los múltiples cálculos, a las visitas de obra y a la búsqueda de clientes, o incluso atender consultas de antiguos clientes o de conocidos.

En el caso de las obras de rehabilitación el tiempo de dedicación que requieren las obras es aún mayor, pues son frecuentes las sorpresas y los cambios durante el proceso constructivo, y se toman decisiones en obra que modifican sustancialmente el proyecto original y, en consecuencia, la documentación. Aquí las visitas de obra son más frecuentes y más largas, independientemente de las condiciones climáticas.

¿Hasta qué edad iba a poder –y querer– seguir subiendo a los andamios y volver a casa, en invierno, aterida de frío por carreteras heladas? Porque no era una arquitecta estrella con un gran estudio, sino una más, y trabajaba sola.

En cambio, Marguerite Yourcenar, a los 80 años, seguía traduciendo.

Y de la crisis, de los concursos con cientos de participantes, de las bajadas de honorarios, y de trabajar perdiendo dinero no quiero hablar porque no es el momento y porque tampoco fueron las razones para convertirme en traductora, pero coadyuvaron a ello: sufría las consecuencias del mal ambiente que se había en las obras y en la profesión.

Así que como Marguerite Yourcenar en su isla de Maine, ahora traduzco desde este refugio alejado de la civilización, y disfruto con mi nueva profesión como lo hice con la arquitectura.

.

MercedesDespués de dos años de estudios de Filosofía y Letras, Mercedes cursó Arquitectura en la ETSAN. Con estudio abierto hasta el año 2012, trabajó en el sector de la construcción inmobiliaria y la
restauración de edificios, especialidad de la arquitectura a la que se dedicó en exclusiva en los últimos años. Es miembro del COAVN (Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro).

Aficionada a las letras y la historia, y dominando el francés, inglés e italiano, se inició como traductora profesional en 2007, compaginando esta actividad con la de arquitecta hasta 2012. Es miembro de Asetrad y SFT, y Certified Translator de francés a español en Proz. Pertenece a diversas comunidades de traductores como Proz, Translator’s Café y Go Translators.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

About proTECT project

iniciativa en pro del acercamiento entre técnicos y traductores especializados y en busca de la calidad técnica y lingüística óptimas de la documentación que generan. Si quieres colaborar, puntual o habitualmente, ponte en contacto con nosotros en proTECTproject@ymail.com

4 responses to “Por qué me dedico a la traducción.”

  1. Arturo Durán says :

    Impresionante, Mercedes.

    Tu testimonio es otra prueba más de que “reciclarse” es siempre -sin excepciones- una oportunidad de oro para enriquecerse. Algo que va frontalmente en contra de la cultura de este país.

    Aprovecho para dar las gracias a Amaia y al equipo de ProTECT.
    Vuestro trabajo no tiene precio.

    Un abrazo.

    • proTECT project says :

      Arturo, estoy contigo. Yo, “cuando sea mayor”, quiero ser como Mercedes y saltarme a la torera los dictados de nuestra sociedad apalancada y conformista. Ya tengo planes: psicología, sociología y antropología por un lado, portugués, euskera y sueco por otro 😉 No me voy a aburrir cuando me jubile, si es que me puedo jubilar, ¿a los 75? 🙂

      Gracias a todos vosotros por el apoyo y a muchas otras personas por su generosidad.
      Saludos,
      amaia

    • proTECT project says :

      Gracias Eduardo, y a ti, Amaia, por vuestras palabras.

      Amaia: no quieras ser como yo, sino tú misma, pero sí te deseo curiosidad para estar atenta a todas las posibilidades que se abren ante ti, y osadía para emprender caminos nuevos, porque el miedo nos impide avanzar.
      Nuestra formación de arquitectos abre ante nosotros un abanico inmenso de posibilidades de trabajo, y las escuelas de arquitectura se empeñan en señalar sólo una. Con la crisis ha aparecido todo un elenco de ocupaciones a las que se dedican los arquitectos, y de hecho se está haciendo un estudio sobre el tema: desde sombrereros que dibujan planos y modelos tridimensionales de sus sombreros, pasando por gestores o empresarios, o traductores…
      Soy traductora, pero no considero que haya abandonado mi profesión de arquitecta, sino que esta es otra manera de vivirla, y aspiro a centrarme en la traducción de lo que más me gusta: los textos de restauración.
      Un abrazo y mucho ánimo en este interesante proyecto de proTECT project que ya va dando frutos.

      • proTECT project says :

        Mercedes, las carreras vocacionales como la arquitectura nunca nos dejan. Me siguen acompañando la creatividad en la redacción de textos extranjeros en mi propia lengua y los proyectos de diseño a escala domestica 😉 La traducción es sólo otro punto de vista, como la del arquitecto-historiador. Ahora estoy más al día que nunca sobre las nuevas tendencias en arquitectura y el sector de la construcción en general porque ¡por fin! tengo tiempo (¡y no me queda más remedio! ;-)) que leer todo lo que cae en mis manos sobre el tema :-).

        En cuanto a los miedos, los dejo continuamente en la cuneta: el salto a la traducción profesional, el proyecto de proTECT, la familia en este “tiempo de miserias” (obviamente, yo no lo vivo así), etc.

        Un abrazo,
        amaia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: