De los técnicos que aman la traducción.

por Vicente ABELLA.

La idea de crear un espacio para entradas en las que se cuenten las historias de traductores provenientes de o especializados en el campo científico-técnico me parece acertadísima, pues, quizás por deformación de mi carrera previa de investigador en radiofísica, soy de los que cree que la vida no se puede abarcar a partir de leyes rígidas, sino más bien debe aproximarse con experiencias mínimas individuales. En su ensayo De la traducción, Alfonso Reyes renegaba de las teorías traductológicas más inflexibles y apostaba por un “corpus” de experiencias de traductores que sirviera de linterna para los traductores por venir. Se me ocurre que una experiencia similar en este espacio podría también servir para comprender un poquito mejor y de forma más general qué es esto de ser traductor y, sobre todo, para aprender a valorar en su justa medida nuestra profesión, tan maltratada a veces (hace unos días leí el anuncio de un twittero, de cuyo nombre prefiero no acordarme, quien difundía un empleo de traducción de la siguiente manera, y cito textualmente: “¿Entiendes ingles y hablas español ? Entonces ya tienes trabajo” –la tilde también falta en el original–).

Paso, pues, a contar mi historia. A los dieciocho años, y por voluntades ajenas que no vienen al caso, entré en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales convencido de que mi temprana inclinación por la literatura no era una posibilidad profesional y que la física, pese a su atractivo teórico, tampoco sería de gran ayuda para labrarme una vida. Así, trampeando, conseguí acabar la carrera de Ingeniería Química y entrar becado en el Departamento de Ingeniería Química y Nuclear para, por fin, llevar a cabo algo un poco menos técnico: un doctorado en física de partículas aplicada a la radioterapia. De esta forma comencé a escribir algún que otro artículo en el campo que investigaba y, como las revistas científicas se publican casi todas en inglés, me asignaron en mi grupo de investigación la tarea de redactar o corregir los artículos (mi inglés era bueno pues había vivido de muy jovencito en los Estados Unidos). Tanto era así, y con esto tiro, muy consciente, piedras sobre mi propio tejado, que llegué a sospechar que algún colega me había incluido como coautor en sus artículos únicamente para que lo redactara en la lengua vehicular de la ciencia, pues las correcciones y comentarios lingüísticos que las revistas hacían de los borradores que enviábamos podían llegar a invitar a más de uno a un suicidio profesional (intuyo que la archiconsabida fama del pésimo inglés de los españoles contribuía a que se explayaran especialmente con nosotros). Por otra parte, el doctorado, debido a la beca remunerada y a la flexibilidad de horario, me permitía llevar a cabo otras actividades de forma paralela, así que, tras un par de fatídicas intentonas con clases de tango y de salsa, me aventuré a estudiar la licenciatura de traducción e interpretación con la que apaciguaría mis inquietudes lingüísticas y literarias y perfeccionaría mi nivel de redacción en inglés. El tiro me salió por la culata, pues la carrera me maravilló y en ella descubrí, feliz del tardío hallazgo, lo que he terminado llamando mi gran vocación. Así, fui dejando cada vez más de lado el curso de mi tesis doctoral y empleándome más y más en formarme como traductor e intérprete: emigré en primer lugar a Heidelberg en calidad de erasmus y después a Barcelona para estudiar un master en traducción literaria. Al infortunado doctorado lo abandoné durante aquellos dos años de dedicación exclusiva a la traducción, para retomarlo después y, por fin, entregar la tesis al tribunal evaluador hace bien poco.

Hoy me defino, a bote pronto, como traductor y me dedico casi exclusivamente a la traducción editorial y a la interpretación. No reniego de mi pasado científico sino, muy al contrario, disfruto enormemente de mis conocimientos y habilidades en el campo, aunque de una manera menos “técnica”, cuando no por puro ocio. Si bien no es lo que más hago, he traducido numerosos artículos científicos del mundo académico. Para ello, mis publicaciones en revistas científicas, y alguna que otra batalla con sus editores, me han servido, principalmente, de rasero de calidad. Mi objetivo actualmente en esta línea es mudarme a la esfera de la divulgación, colaborando como traductor o redactor en revistas o editoriales no especializadas, faena con la que sé que lo paso en grande. Me apasiona la divulgación en cualquier ámbito y me parece la tarea más compleja: sintetizar conceptos y emplear el lenguaje “narrativo” para vehicularlos a un público no especialista no es plato sencillo y exige dedicación y, sobre todo, disfrute.

Cuando uno profundiza en un campo técnico o científico tanto como al estudiar una carrera, entiende que no debe trivializarse ninguna actividad relacionada con éste, por muy tangencial que aparente. Todo ámbito de especialización tiene un vocabulario y una gramática que no necesariamente conoce equivalente en otro idioma. Por ello cualquiera de nosotros, traductores e intérpretes, que provenga de otro campo, sea científico, técnico, de derecho o cualquier otro, debe sentirse privilegiado de poder ofrecer un servicio tan especializado y apostar por su futuro reconocimiento.

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Foto Vicente AbellaVicente Abella es licenciado en Traducción e Interpretación por la Universitat de València, por la que cursó una estancia erasmus en la Karls-Ruprecht Universität de Heidelberg, máster en Literatura Comparada y Traducción Literaria por la Universitat Pompeu Fabra y en breve será doctor en ingeniería de la medicina nuclear por la Universitat Politècnica de València. Hoy trabaja como traductor en la rama editorial y ha colaborado en distintas revistas de divulgación. También ha trabajado como intérprete en conferencias de diversa naturaleza, especializándose en eventos del campo científico. Ejerce además, de corrector y editor y es miembro de ASETRAD. Sus combinaciones lingüísticas parten del inglés, alemán y catalán hacia el castellano.

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About proTECT project

iniciativa en pro del acercamiento entre técnicos y traductores especializados y en busca de la calidad técnica y lingüística óptimas de la documentación que generan. Si quieres colaborar, puntual o habitualmente, ponte en contacto con nosotros en proTECTproject@ymail.com

2 responses to “De los técnicos que aman la traducción.”

  1. Nathalie says :

    De esa promoción salieron grandes traductores científico-técnicos 😉

  2. belen says :

    vaya !! ahora me resulta hasta difícil escribir y no sentirme lejana !!!
    sin gente como vosotros los no especializados no podríamos “opinar,hablar,debatir” sobre cosas sin una previa traducción .
    transformar a fácil lo difícil en cualquier ambito es de admirar !!! ENHORABUENA

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