pasado

Hace poco más de un año comencé a escribir un blog. Lo titulé: “La proFesión va por dentro. Reflexiones muy personales sobre el ejercicio de la profesión, por la arquiteXto Amaia Gómez (www.aticompany.com)“. Las reflexiones, ciertamente, eran muy personales, y ya en la primera entrada (“Valor añadido“) me preguntaba qué podría yo ofrecer al mundo a través de un blog. En este último año han sucedido muchísimas cosas a todos los niveles, no es necesario que le explique a nadie por lo que estamos pasando, pero como lo más saludable es ver siempre el vaso medio lleno, a mi me ha servido para encontrar el qué puedo ofrecer yo al mundo a través de este blog: el proyecto proTECT. En la correspondiente página de presentación hablo de él así que no me repetiré. En esta página he decidido dejar constancia de las entradas más personales publicadas durante el último año en el blog, migrarlas desde el muro a esta página porque quienes estén interesados por proTECT no tienen por qué estar interesados en ellas, pero quien desee conocer un poco mejor a la persona que puso en funcionamiento el proyecto quizá sienta curiosodad por leerlas.

agosto de  2012

conciliación. 3 mayo, 2012

En 2006 decidí regresar a la universidad para estudiar Traducción e Interpretación. Una de las razones de peso fue fabricarme una “conciliación familiar” que no hacia posible un trabajo por cuenta ajena como arquitecta. Esto se debía a los horarios y a la falta de respaldo económico puesto que mi situación podría haberse considerado de “falsa autónoma” porque prácticamente el 100% de mis facturas las pagaba un único cliente que no contemplaba la contratación. Por entonces todos vivíamos felizmente ignorantes de la realidad que nos esperaba y, sin embargo, la maternidad continuaba siendo un handicap para la mujer trabajadora.

Ahora no voy a entrar a valorar si mis superiores no querían o no podían permitirse la contratación de empleados porque de todo hay en el mercado de trabajo: grandes (medianas o pequeñas) empresas que aumentan el nivel de beneficios escatimando su aportación a la Seguridad Social (bien común mal gestionado ¡y mal entendido! del que, por otro lado, muchos se aprovechan), y autónomos, microempresas y PYMES que realmente no podrían estar presentes en el mercado o crecer si tuvieran que hacer frente a ciertos gastos en RR.HH. En los tiempos que corren, permitanme la opinión, ¡bastante hacen algunos con generar algo más de riqueza que la estrictamente necesaria para salir ellos solos adelante ofreciendo algunos ingresos a otras personas! (y entiendo el debate que puedo abrir con esta afirmación pero no es el objetivo de esta entrada).

El caso es que si una mujer trabajadora no tiene derecho a la baja por maternidad ni unos horarios que le permitan compaginar la vida laboral y familiar, si además la maternidad siempre, y más en la coyuntura actual, sirve como excusa para supeditar a la mujer al seno familiar y contabilizar su puesto de trabajo entre la oferta disponible, si se escatima en educación (posible privatización de las escuelas infantiles de 0 a 3 años) y se complica la reinserción laboral de la mujer tras un paréntesis tan necesario para la sociedad como la crianza de la futura fuerza de trabajo (véanse sino los problemas por los que comienza a atravesar la omnipresente Alemania en este país en el que nos ha tocado vivir)… que alguien me explique, por favor, cómo vamos a salir adelante como sociedad.

Mi entorno laboral y afectivo está formado por un elevadísimo porcentaje de individuos pertenecientes a uno de los colectivos más castigados por la actual crisis. No voy a hablar de las repercusiones más obvias de esta situación que no nos afecta sólo a nosotros sino a un número demasiado alto de familias en este país y que, por tanto, no nos son ajenas a la mayor parte, sino que me gustaría hacer una reflexión a propósito de un sector de una de las generaciones más castigadas: las mujeres del baby-boom de la década de los 70.

Hemos tenido la fortuna de crecer en un país con las fronteras abiertas, de acceder a estudios universitarios y creer que se nos consideraba igual que a los hombres en el mercado laboral, nos hemos hecho las locas ante la llamada de la naturaleza y quienes no hemos podido resistir el canto de las sirenas hemos retrasado la maternidad cuanto hemos podido para hacernos el hueco en el mercado laboral que por derecho nos pertenecía y ¿para qué? Cuando llega la maternidad, porque para muchas de nosotras tarde o temprano acaba llegando, nos castigan laboralmente con el olvido, cuando llega la crisis, la potencialidad de la maternidad nos convierte en un colectivo en peligro de extinción y si el paréntesis llega, como a muchas de nosotras, entre los 35 y los 45 años, estamos sentenciadas.

Muchos profesionales (en este caso el masculino no es genérico sino sólo aplicable a los hombres) entre los 35 y los 50 años sobrevivirán a duras penas el resto de sus vidas profesionales si no encuentran la forma de reciclarse pero, como siempre, las mujeres de esa franja de edad, que además sean madres, deberán hacer un esfuerzo desproporcionadamente mayor. Si la pérdida de conocimientos adquiridos, experiencia acumulada y contactos establecidos es una pena en todos los casos, qué sucede con toda esa sabiduría acumulada por las mujeres que han crecido en la cultura del esfuerzo y la superación, el acceso a los estudios superiores y a puestos laborales de (casi) todos los estadios jerárquicos, la sabiduría de esas mujeres que hoy establecen las bases para la sociedad del futuro porque crían a la sociedad del mañana, le inculcan valores, le motivan, le dan herramientas ¿no sería también de sabios darles voz, facilitar que se les oiga, que puedan seguir creciendo como profesionales y como personas? ¿No se supone que más que ante una crisis económica nos encontramos ante una crisis de valores? Debería considerarse la conciliación en su justa medida.

P.D. Dedicado a la ejecutiva de una gran empresa de telecomunicaciones en una capital de país que ahora vive en una localidad pequeñita y está considerando el cierre de su pequeño negocio de “trapitos”, a la altamente cualificada profesional formada en el extranjero y con más de 15 años de experiencia en el sector audiovisual que ahora se dedica a las “galletas personalizadas”, a la reconocida profesional que tuvo que cerrar la empresa porque la administración pública no cumplió su parte del contrato, a la profesional que sigue formándose mientras cría a su hija y lleva en paro ya más de un año, a la que por fin va a ser capaz de hacer dieta porque ha encontrado la motivación necesaria: no puede permitirse ropa nueva teniendo vieja en buenas condiciones en el armario 🙂 …

comentario de Mamen. 4 mayo, 2012

Amaia, un post muy interesante y, por desgracia, un buen reflejo de la situación que vivimos.

Hay que seguir luchando y hacia adelante para conseguir un futuro mejor :)

Un abrazo (¡te debo un correo!),

Carmen

A veces confundo el blog con un diario y escribo cosas que quizá sólo me interesan a mi porque se trata de reflexiones muy personales (creo que esto es bastante habitual entre las personas que hace poco que escribimos un blog, aunque últimamente también aparece el deseo de compartir cosas más prácticas con la gente, algo a lo que realmente le puedan sacar partido, y es uno de mis objetivos… aunque no le pongo fecha :-) ), por eso me alegra enormemente ver que algunos leéis las entradas y hasta os resultan interesantes u os podéis sentir identificados con ellas.
GRACIAS por leerme y, por cierto, no me “debes” nada :-)
Un abrazo, amaia

especialización. 7 diciembre, 2011

En los doce años que precedieron a mi formación “reglada” como traductora, en los que me dediqué a la traducción de forma esporádica y “amateur”, y en los más de cuatro años que llevo ejerciendo esta profesión a tiempo completo y de manera profesional, salvo raras excepciones, siempre me he encargado de traducciones técnicas sobre temas relacionados con mi formación inicial como arquitecta. En primera instancia esta decisión me permitió dar el salto profesional sin excesivo vértigo porque me hacía sentir que continuaba ligada a mi pasado profesional. Y, en cualquier caso, fue una decisión premeditada y buscada con vistas a ofrecer un valor añadido a mis servicios como traductora, teniendo claro que con el cambio de profesión perseguia la creación de mi propio negocio y, por tanto, debía encontrar mis propios clientes.

Durante este casi quinquenio en mi nueva etapa profesional he ido viendo como fidelizaba clientes gracias a la calidad de los servicios prestados que me permitía alcanzar mi doble formación y experiencia laboral, y como se ampliaba mi cartera de clientes precisamente gracias a esta especialización. En el día a día, eso se ha traducido en un importante dominio de las expresiones y terminología propias del sector en varios idiomas y la cristalización de una forma de redactar muy característica de los técnicos (de los técnicos a los que no les cuesta hacerse entender correctamente, aclaremoslo por el bien de mi futuro profesional, porque ya conocemos todos el San Benito -no digo que no sea merecido en ocasiones- que se nos cuelga a “los de ciencias” con respecto al manejo de las letras) pero también una forma de redactar muy particular mia, como le sucede a cualquiera que escribe con regularidad (no me atrevo todavía a concederme el apelativo de “escritora”). Y hasta este momento siempre había considerado una equivocación que los traductores tocaran cualquier tema que llegara a sus manos en vez de especializarse en una, dos o quizá tres disciplinas como mucho (porque en mi opinión esto posibilita una mayor calidad de las entregas y una mayor eficiencia del proceso de traducción). Pero, llegados a este punto, esta forma de pensar ha cambiado. En los últimos tiempos he buscado de forma premeditada adentrarme en otras disciplinas, probablemente porque sentía haber llegado al punto en que realizo el trabajo “con los ojos cerrados” (por favor, tomense este tipo de expresiones con la misma relatividad con la que lo hago yo, que “siempre” me cuestiono lo absoluto) y no puedo decir que aprenda de cada nuevo encargo. Al cambiar de temática he observado como se ampliaba, si no más, mi horizonte lingüístico tanto en las lenguas extranjeras como en la materna, lo que añade una motivación a mi trabajo diario y, estoy convencida, repercute positivamente en todos los ámbitos del mismo, no sólo en el encargo de tematica X que tenga en ese momento entre manos. Así que ahora digo: ¡Pluriespecialización sí, gracias!

intrusismo. 6 diciembre, 2011

El intrusismo y yo no tenemos “feeling”. No es que no lo trague, ¡ni le pongo cara!, así que es difícil cogerle tirria, pero supongo que me molesta porque yo soy de las que funciona por el libro y él hace de su capa un sayo. Claro que entiendo que hay intérpretes con mucha técnica que no transmiten y músicos autodidactas capaces de desgarrarte el alma con su interpretación… pero imagino que a los primeros les da mucha rabia, después de tanta dedicación, no llegar a transmitir como lo hacen los últimos. Aunque con esta comparación me estoy yendo por los cerros de Úbeda porque no refleja todos los matices que presenta el intrusismo en nuestra profesión, creo que ustedes ya entenderán por dónde van los tiros.

El caso es que este personaje (el intrusismo) está presente en el devenir de muchas profesiones y cada uno lidia con él como puede.

Hace un tiempo, cuando ya me rondaba por la cabeza desahogarme un poco en este sentido, leí el artículo de Xosé CASTRO ROIG, publicado en El Trujamán (revista diaria de traducción del Centro Virtual cervantes) del 03/10/2011 titulado “Intrusismo y pesimistas militantes”.

Mi caso es, diría yo, el opuesto al suyo. En cierta medida, él llegó a traductor por acumulación de experiencia, yo por formación (segunda licenciatura), y cuando pensamos en intrusismo, a priori, nuestros puntos de partida podrían llevarnos a conclusiones distintas… ¡aunque quizá no tanto!

Lo cierto es que mientras estudiaba arquitectura en España (mi formación de base) me pasó un poco lo que a los alumnos a los que Xosé (espero que no le importe que le tutee a pesar de que no nos hayan presentado ni hayamos compartido una comida jamás… aparentemente estas son condiciones necesarias, aunque no sé si suficientes, para tutear a alguien; tal y como me explicó públicamente un profesor de matemáticas en la universidad mi primer día de clase… y aun hoy no he olvidado la lección… pero sigo pensando, como entonces, que el respeto se muestra de muchas maneras, no sólo con ciertos tratamientos que nos ofrecen algunas lenguas, no todas… espero que esta información le llegue en alguna ocasión a dicho profesor, de esa forma ambos nos habremos enriquecido gracias a aquel intercambio… pero me voy por las ramas, lo sé), el caso es que Xosé se encontró frente a una audiencia de estudiantes universitarios en el proceso de formarse como traductores de una manera “reglada” y ejercer dicha profesión “con todos los derechos”, cuando él nunca la había recibido y, por tanto, era un intruso y debía ocultarlo (a petición de otro sabio profesor universitario) porque sus queridos estudiantes estaban siendo aleccionados frente a la “competencia desleal” y no quería, el profesor, que quedasen confundidos.

Cuando posteriormente terminé mis estudios de arquitectura en Irlanda, tuve que redefinir la palabra “intruso” en mi psique porque en aquel país los estudios universitarios en arquitectura y la colegiación que “te ofrecen el reconocimiento y el derecho a ejercer la profesión sin ningún género de dudas” eran cosa de antesdeayer y, por tanto, los recién licenciados convivían con un importante número de profesionales que ejercían dicha profesión gracias a la experiencia acumulada. Vamos, que el arquitecto en Irlanda, aun hoy en día, es un colectivo que en este aspecto comparte muchas características con los traductores de todo el mundo. Eso me enseñó que la formación universitaria no lo es todo (soy hija de la resaca de la dictadura y crecí respirando la necesidad de licenciarme para que me reconocieran como persona de pleno derecho) y que muchas personas ejercen muy dignamente su profesión sin haber pasado por las aulas. Evidentemente, cualquier persona con cierto conocimiento de una segunda lengua y bastante más jeta puede sentir inclinación por convertirse en “competencia desleal” para los traductores (bien porque su trabajo no cumpla los mínimos de calidad que dan reconocimiento a la profesión, bien porque desmerezca el trabajo de profesionales serios “regalando” sus servicios en detrimento del colectivo), pero esto creo que debe preocuparnos relativamente, se coge antes al mentiroso que al cojo. Estoy con Xosé en que es más importante evitar a toda costa que los recién licenciados “regalen” también sus servicios porque la falta de experiencia les generé también falta de seguridad y piensen que no tienen derecho a cobrar por su trabajo lo que un “profesional”. Desde aquí les insto a hacer lo que una colega sugirió en una ocasión en la lista de la asociación de traductores a la que pertenezco: por favor, cobrad tarifas profesionales y si tenéis dudas sobre vuestro trabajo, invertid parte de los honorarios en que otro traductor con más experiencia os lo corrija antes de entregarlo. De esa manera vosotros aprenderéis y no tiraréis piedras sobre vuestro propio tejado porque, tarde o temprano, vosotros mismos os consideraréis parte de ese colectivo de “traductores profesionales” y querréis, como todos, que tanto colaboradores como clientes, valoren vuestro trabajo en su justa medida. Además, aquí aprovecho para introducir un consejo de Mohamed Yunus, economista y Nobel de la Paz: “No vayas en busca de trabajo sólo para ti, conviértete en creador de puestos de trabajo para otros. Ese es el planteamiento correcto” Y yo añado, no sólo porque de esa forma generas más riqueza, sino porque así partes de un punto de vista menos individualista, y tanto lo uno como lo otro, en los tiempos que corren, y siempre, implican formas de estar ante la vida que probablemente nos lleven por mejor camino que el que hemos recorrido hasta llegar a la situación actual.

Pero bueno, al hilo del intrusismo que nace de unas tarifas fuera de lugar, también quisiera mencionar la entrada “Si no cobras lo que vales, acabaras valiendo lo que cobras”, publicada en el blog de Martine FERNÁNDEZ CASTANER el 01/12/2011. Y mostrar mi acuerdo con ella en que si se aceptan unas tarifas extremadamente bajas, que nos obliguen a asumir mayor número de encargos para llegar a final de mes y, por tanto, trabajar un número inhumano de horas, no podremos dedicar parte de nuestro tiempo a actualizarnos, lo que nos llevará a un empobrecimiento intelectual y, evidentemente, nos desviaran del camino de la excelencia. Y esto puede sonar esnob pero que tire la primera piedra aquel que no busque el reconocimiento de su valía en lo que hace cada día. Además, está claro que el cliente que te busca por tus honorarios de ganga, es un INFIEL POTENCIAL y estoy segura de que todos ustedes sabran reconocer que es menos costoso fidelizar a la clientela con un trabajo bien hecho que andar buscando clientes todos los días para cubrir las bajas.

Pero volviendo a las ideas que tocaba Xosé en su artículo, antes de finalizar este escrito quisiera verificar en este sentido que la colegiación tampoco es algo que asegure una competencia leal. Como arquitecta he pertenecido a un colegio que hace ya años liberalizó sus tarifas en cumplimiento de las leyes antimonopolio, es decir, que cada profesional marca sus propios honorarios, y les puedo asegurar que en los tiempos que corren para el sector, la guerra de precios y la falta de deontología profesional en este y otros sentidos están a la orden del día. Es decir, que con colegio o sin él, seguiremos siendo dueños de poner precio a nuestro trabajo, así que no hagamos oídos sordos a las tablas de tarifas orientativas que publican algunas asociaciones de traductores o a las estadísticas que han elaborado otras y fijemos nuestros honorarios con seriedad. Defendámonos como profesionales y como colectivo, cultivemos nuestra autoestima y la deontología, de hacerlo sólo pueden derivarse cosas buenas, para nosotros mismos, nuestro colectivo profesional y nuestros clientes.

creatividad. 20 septiembre, 2011

En 2002 se publicó el primer libro que he traducido. Hasta entonces me había dedicado profesionalmente a la arquitectura y la traducción constituía exclusivamente un hobby. Los estudios de la licenciatura en traducción e interpretación y el establecimiento de una red de traductores técnicos autónomos llegarían después, pero eso es harina de otro costal. El trabajo de traducción de aquel libro  marcó un hito en mi vida porque era la primera vez que dedicaba tanto tiempo a desentrañar la intención de un autor y rebuscaba en mis conocimientos técnicos y lingüísticos la forma de transmitirla a un público que no conocía su lengua materna sino la mía. Y, a pesar de no tratarse de un texto literario sino técnico, cuál fue mi sorpresa al descubrir la enorme creatividad que se esconde tras el ejercicio de la traducción. Si algún arquitecto lee estas líneas probablemente pensará que semejante símil pone de manifiesto mi falta de juicio, pero os aseguro que la labor de traducir el texto de otro autor me produce el mismo placer que el idear un nuevo proyecto. Al fin y al cabo, ambos parten de unas premisas, unas herramientas con las que trabajar. En el caso de la arquitectura pueden ser el solar, el programa, la orientación, las vistas, la normativa, aspectos de ecología y sostenibilidad tan en boga últimamente y un largo etcétera que, aunque no lo parezca a priori, pueden llegar a ser tan restrictivas como lo pueda parecer un texto de partida en otra lengua que hay que reproducir en la propia. Creo que fue ese descubrimiento el que hizo que me enamorara de la traducción, que me lanzara a la aventura de empezar prácticamente de cero de nuevo profesionalmente hablando y de que hoy en día me sienta tan enormemente privilegiada por haber sido capaz de fusionar ambas pasiones.

(Evidentemente, también debo agradecer el apoyo recibido a mi pareja. :-))

comentario de Mona. 21 septiembre, 2011

Empatía…. saber interpretar lo que el otro siente y piensa… yo llevo años practicándolo, a veces con mejor suerte que otras pero no tengo la fortuna de hacerlo como lo haces tu… por un lado BIEN y por el otro lo has hecho TU CARRERA.
Prou of u kiddo, always.
Y tu pareja… vale es majo :)

No sé qué decir… nunca he sabido cómo manejar los piropos ;-)
MIL GRACIAS por leerme!

deontología. 11 septiembre, 2011

No descubro nada nuevo a nadie diciendo que de todo lo vivido, uno siempre debe mirar el lado positivo. Quién me iba a decir a mi que, después de más de una década de haberla dejado atrás, caería en la cuenta de una de las aportaciones positivas que hizo a mi vida la Universidad de Navarra que, para quien no lo sepa, pertenece al OPUS. Que durante los primeros tres años de la licenciatura en arquitectura, asignaturas como geometría descriptiva o cálculo de estructuras, convivieran con la de Teología, evidentemente, constituía uno de los rasgos distintivos de la institución, pero desconocía que la asignatura de Deontología, que cursé en 4º, también lo fuera. Deontología, la intangible conciencia que te dicta ejercer tu profesión sin ascender escalones apoyando el pie sobre la cabeza del compañero o servirle de escudo cuando traspasa los límites excusándote en el “hoy por ti, mañana por mi”. Vivimos unos tiempos locos regidos por el “todo vale”, a espaldas de límites, ignorando la deontología. Porque en el ejercicio de una profesión, llámale arquitectura, llámale traducción, interpretación, llámale X, como en todo, hay que empezar por uno mismo si se quiere aportar algo positivo a nuestro alrededor. Claro, evidentemente, este deseo no habita todas las almas aunque sea el más “políticamente correcto”. Pero si te lo crees o piensas que puedes sacarle algún partido, considerándolo egoistamente, entonces hay que comenzar desde dentro. Siendo honesto no sólo con el cliente sino también con el compañero de profesión (y perdonen que recuerde que la honestidad no consiste en darle siempre la razón). Un “fair play” entre los miembros de una profesión le da prestigio y el prestigio, señores, permite que los profanos nos valoren en su justa medida. Puesto que la mayoría de los que habitamos este planeta debemos trabajar para vivir, si tan solo en el ejercicio de nuestra profesión tuviéramos presente la deontología, ¡otro gallo nos cantaría!

comentario de Nuria Viver. 17 septiembre, 2011

¡Bravo!

Algú ho havia de dir! ;-)

identidad digital. 13 julio, 2011

Desde que un amigo (!?;-)) me recomendara registrarme en LinkedIn para forjarme una identidad digital profesional y llegar así a una potencial clientela más amplia, la búsqueda de conocimientos en pos del dominio de las redes sociales ha alcanzado en mi dimensiones monumentales. Debe ser que todavía me habita el espíritu arquitectónico… o que, de nuevo, cuando se cruza en mi camino un tema interesante  y desconocido surge en mi interior la necesidad febril de dominarlo YA (¡Uy, ese “ya” es digno de psicoanálisis!). Tarea complicada, por no decir imposible, sobre la que mi pareja me pone sobre aviso: “Te obsesionas y, con la misma rapidez, te desinflas”. Supongo que mantener el nivel de adrenalina es complicado pero, bueno, voy a darme un poco de cancha, que tanto interés por las lenguas ha acabado por convertirme en traductora e intérprete :-). Además, en estos momentos tengo una inigualable y nada efímera fuente de motivación para conocer desde dentro el mundo de las redes sociales; me mueve una razón que no ha cumplido los tres años pero ya apunta maneras. Y si mi labor de progenitora es el de facilitarle herramientas para forjar su propia vida, como mínimo ¿qué mejor que conocerlas, no creen? Como ya dije en una ocasión anterior, como dice una amiga: “Todo es personal”. Pero es cierto que la tarea se antoja complicada. Mi gurú de las redes sociales habla de que es posible atender como es debido del orden de cuatro o cinco perfiles pero él recomienda no sobrepasar los dos o tres. ¿Y qué hago yo ahora? Si comienzas a rascar en este mundillo y si no tienes perfil en LinkedIn (Xing o Viadeo), Facebook (Tuenti o MySpace), Twitter, un blog (en blogspot o, mejor, wordpress) y una página web, además de pertenecer a alguna lista especializada, no eres nadie? ¿Qué hago yo, me clono? No me vendría mal, la verdad, porque, yo no sé ustedes (y este comentario va sobre todo dirigido a las féminas aunque no es exclusivista, que yo a veces puedo sonar tópica -¿debe ser porque uso tantos refranes o frases hechas?- pero si tengo una máxima es la de: “A cada cual lo suyo”, que no soy yo quien para desmerecer ni el esfuerzo ni el trabajo de nadie), a lo que iba: no sé ustedes pero a mi un clon me vendría de perlas porque entre la casa, la crisis, el entorno, la maternidad, la pareja, el trabajo y yo misma (y no me pregunten por las prioridades porque lo he enumerado alfabéticamente a propósito, ¡para ordenadica yo!), llevo una temporada bastante sobrepasada. ¡Cómo para añadir ahora el inconmensurable espacio de las redes sociales! Bien mirado, no es ninguna tontería eso de los clones porque todos nos sentimos bastante seguros de saber hacer las cosas como mínimo (los más humildes) un poco mejor que el prójimo, de ahí que, en general, nos cueste bastante delegar (mientras escribo pienso que igual me estoy equivocando con semejante afirmación porque sin hacer un gran esfuerzo me vienen a la mente ejemplos en los que la gente delega más de la cuenta. Aunque quizá ambas cosas sean posibles al unísono ¿o no está el mundo plagado de contradicciones?), pero estábamos con “el delegar”. ¿No sería tan complicado delegar en uno mismo, no es cierto? Vamos, creo que comienzo a ver la luz, probablemente deba dejarme de tanta palabrería y concentrarme en la clonación y ¡problemas resueltos! Así que en vez de “identidad” quizá deberíamos empezar a considerar las “identidades digitales“… entonces la profesión del futuro no sería la de “Community manager” sino “Identity manager” 😉 O quizá no estemos preparados para tanto desdoblamiento y sea mejor dejar las cosas como están, aparcar la vida virtual y concentrarnos en la real. No sé si la especie está adaptada ya a una vida tan rápida y multiple como la realidad a la que nos enfrentamos diariamente, quizá nos estemos exigiendo demasiado.

comentario de Nuria Viver. 17 septiembre, 2011

Creo que tienes razón, nos exigimos demasiado. Menos mal que la crisis ha venido a recordarnos que se puede vivir con menos dinero y más sencillez. ¡Lástima que la crisis afecte más a los que menos tienen!
¡Me ha encantado este artículo!
Un abrazo.
Núria

Muy agradecida de nuevo por tus palabras, Nuria!
Verbalizando mis “angustias”me he dado cuenta de que debemos aprender a medir nuestras fuerzas con más precisión, centrarnos en lo realmente importante y disfrutar la elección.

valor añadido. 7 julio, 2011

Justo cuando una está a punto de cumplir la edad de los balances. Y precisamente uno de los balances que hace es que debe aprender a controlar su naturaleza transparente y charlatana, siempre con el corazón en la mano, concretamente sobre la palma abierta, ahí, expuesto a todo y a todos, para bien y para mal, va y le recomiendan a nivel profesional (lo cual implica un “must” en los tiempos que corren) que se forje una identidad digital. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que destacando en las redes sociales con algún valor añadido? ¿Qué valor añadido, señores? Como dice una amiga: “Todo es personal” ¿Qué debo hacer entonces? ¿Hurgar en mi experiencia vital hasta encontrar algo que les conmueva, les atrape, les convierta  en fieles seguidores de mi humilde existencia? ¿Justo ahora que intento entrar en una nueva fase más comedida de mi ser… ¡cuando esto me cuesta Dios y ayuda! (más ayuda que Dios porque Él no se ha dignado todavía a susurrarme ningún consejo al oído, debe ser que anda como loco tratando de encontrar una solución a la crisis mundial, a ver si así lo dejamos tranquilo con tanta petición personal)? No sé, señores, estoy desconcertada. Por muy interesante que mi vida pueda parecer(me…¡a veces ni eso!) porque, sencillamente, es la que me ha tocado, no creo que rebuscando en ella vaya a dar con eso que todos ustedes andan buscando y me convierta en una líder de masas… o de masitas, que a mi no me van las megalomanías. ¿Qué les voy a contar yo que no se haya dicho ya si a lo que me dedico es a la traducción? Vamos, que el público objetivo puede ser otro, pero les aseguro que lo que yo digo no me lo he inventado (eso que quede bien claro porque si a alguien le da por pensar lo contrario, y viviendo en la sociedad de la desinformación en la que vivimos, esa persona arrasa con mi reputación profesional en un abrir y cerrar de ojos y me veo en menos que canta un gallo engrosando las listas del INEM). A lo que iba: ¿qué les voy a contar yo, que antes de traducir hacía casas (buff, eso ha sonado muy prepotente porque yo tan solo era una simple arquitecta y ya se sabe que los técnicos somos el último mono en la obra, al menos los “arquitectillos de casco blanco, ropa impoluta y moreno caribeño como yo… ¡ni en mis sueños!). Y, como ustedes saben, casas, lo que se dice casas, esas las diseña cualquiera ¿o no lo han hecho ustedes con la suya… o, al menos, con la de sus sueños? ¡Ven como tengo razón! ¿Qué narices de valor añadido voy a aportar yo, que antes me dedicaba a algo que cualquiera sabe hacer y ahora digo lo que otros ya han dicho? ¡Tarea dificil me espera de aquí en adelante…!

comentario de Nuria Viver. 17 septiembre, 2011

¡Seguro que encuentras tu valor añadido y es mucho! ¿Todo el mundo sabe diseñar casas? ¡Ni mucho menos! ¡Si yo me pongo, seguro que se cae antes de techarla! Tu blog promete, lo pongo entre mis favoritos.
Un abrazo.
Nuria

Gracias Nuria! Me alegro de que te haya gustado. Me pongo a escribir y resulta un ejercicio tan íntimo que dudo de que lo que digo pueda interesar a alguien más que a mi misma. Ilusiona saber que una tiene lectores :-)

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